Las fincas se asientan sobre altitudes superiores a los 800 metros, con orientación norte y bajo la influencia del clima continental. Su nombre, de origen latino, hace referencia a un pozo natural donde la nieve se conservaba todo el año.
El proyecto es también un esfuerzo por recuperar patrimonio. La maturana blanca, una variedad casi extinguida en la región, se ha convertido en uno de sus pilares fundamentales, junto con las cepas viejas de viura y garnacha blanca que se encuentran dispersas en cabezadas de viñedos tintos.
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